Massa quiere que Pro pague el costo político de la división opositora

Acordó con De la Sota señalar a Macri como responsable de generar un escenario favorable para una victoria kirchnerista
«Si así lo quieren, contaremos los votos en las urnas», es el mensaje que Sergio Massa se encargó de hacer correr en las últimas horas, para dar por seguro que mantiene sus ambiciones presidenciales y que en agosto enfrentará al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, en las PASO del espacio UNA. La frase buscó también cerrar el compás de espera a un posible entendimiento con Mauricio Macri.

En paralelo, el líder del Frente Renovador mandó a ajustar el discurso de sus voceros: seguirán señalando que la oposición debe unirse si pretende evitar una victoria del kirchnerismo, pero se encargarán de señalar al jefe de gobierno porteño como el responsable de que ese objetivo no se cumpla. La tarea será repetida a diario, para que Macri cargue con el costo político por su negativa.

No se trata de llegar a los oídos de Macri, que ya dejó en claro su postura contraria a un entendimiento con el massismo. Tampoco a ese «círculo rojo» de empresarios que estaría reclamando la unidad opositora para evitar otros cuatro -u ocho- años más de kirchnerismo.

La estrategia apunta principalmente a los votantes que en 2013 eligieron a Massa como vehículo para poner un freno a Cristina Kirchner y que este año migraron hacia Macri, con la expectativa de que el líder de Pro es ahora la mejor carta para derrotar al Frente para la Victoria.

En Tigre quieren recordarles a esos electores que la negativa macrista a unificar la oposición abrirá la puerta indefectiblemente para que el kirchnerismo se quede con todo, otra vez, y en primera vuelta.

El libreto fue consensuado antenoche con De la Sota (quien nunca se mostró interesado en competir con Macri), en un encuentro que incluyó a los asesores de campaña de ambos candidatos: el español Antonio Sola y el peruano Sergio Bendixen, que trabajan para Massa, y el brasileño João Santana, del mandatario cordobés.

«Es extraño que Macri no quiera acordar con Sergio», señaló ayer Malena Galmarini, una de las primeras en adoptar el nuevo libreto. En declaraciones radiales, la mujer de Massa apuntó al resto de los distritos donde Pro acompañó la unidad opositora para derrotar al kirchnerismo. «Macri se sumó al proyecto de José Cano [diputado y candidato a gobernador en Tucumán], que nosotros venimos acompañando hace varios meses», ejemplificó.

«No hay nada peor que no hacer el intento de ganarle al oficialismo», había dicho un día antes el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. Un paso más allá fue el intendente de San Miguel, Joaquín De la Torre: denunció un pacto entre Macri y el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, para «bajar» a Massa. «Hace un año que tienen un acuerdo por debajo de la mesa», advirtió.

La estrategia del massismo sincera desde el vamos que Macri aparece mejor parado en las encuestas. Pero apela a esas mismas encuestas para intentar convertir la debilidad en fortaleza: si Massa queda fuera de la carrera, dicen en Tigre, el 70% de sus votantes preferirán el peronismo de Scioli al antiperonismo de Macri. Massa, en cambio, recogería en una segunda vuelta tanto los electores que exigen un cambio como algún que otro kirchnerista disconforme con el gobernador.

Lejos de hacerse eco de estas lecturas, el macrismo volvió ayer a rechazar cualquier entendimiento que lo «desperfile» frente a sus votantes. Para Pro, alcanza con esperar a que Massa se diluya con los días como opción opositora.

A 20 días del cierre de alianzas, las posturas en ambas orillas parecen irreconciliables. Lo único que comparten es el espanto ante el kirchnerismo. Igual que en 2013.

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