Presupuesto nacional: entre los números deseados y la realidad

La presentación del Presupuesto Nacional para 2016 despertó una fuerte polémica en los últimos días.

La primera razón para ello es que los números proyectados por el Gobierno parecen estar alejados de la realidad. Pero también se comenzó a debatir si la gestión de Cristina Kirchner procura imponer su visión de la economía a la próxima administración.

En términos políticos, se trata de la misma discusión que se viene dando desde 2003, con el agregado de que el año próximo no habrá un Kirchner como máxima autoridad del país y eso supone que el sucesor de la Presidenta podrá introducir correcciones al rumbo planteado por el Presupuesto. Aunque el aspecto técnico del asunto plantea también un desafío relevante.

Esto es, que el más importante cálculo de ingresos y egresos con que cuenta el país deje de ser un formalismo en el que el Poder Ejecutivo cumple con el Legislativo en los plazos y formas de la presentación –nunca después del 15 de septiembre de cada año- para convertirse en una herramienta indispensable que sirva como ordenadora de las políticas del Estado nacional.

Las principales empresas del país han dejado de tener en cuenta el presupuesto nacional para proyectar el futuro

Así lo aseguró el presidente de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), Rafael Flores, quien sostuvo que la “subestimación del Presupuesto registrado en los últimos años lo debilitó como herramienta de diagramación política y social” y lo relegó a una función de mero “instrumento administrativo”, que sirve para el Estado pero no al conjunto de la sociedad.

Ese es, justamente, uno de los déficits centrales del Presupuesto: que los actores principales de la economía –entre ellos las empresas más importantes- han dejado de tenerlo en cuenta para proyectar el futuro a mediano plazo. El ejemplo más concreto es el tipo de cambio, al que el Gobierno fijó en $10,60 para 2016 aunque el dólar paralelo ya está bordeando los 16 pesos.

De todos modos Flores, que es un economista especializado en administración financiera del sector público, puso en contexto el debate en torno a la utilidad del Presupuesto Nacional. Y recordó que recién en 1992 se sancionó la Ley de Administración Financiera que estableció las actuales reglas de juego. Anteriormente, la presentación de los presupuestos era aleatoria.

En los ´80, tras la recuperación de la democracia, un presupuesto podía ser votado hasta un año después del período para el cual había sido concebido. La volatilidad de precios provocaba una distorsión de tal magnitud que era dificultoso que se cumplieran las previsiones . Y antes, los gobiernos de facto no acostumbraban a rendir cuentas.

Ya en la primera década de este siglo se implementó la Ley de Emergencia Económica, en medio de la crisis de 2001-2, que otorgó al Ejecutivo -en la figura del jefe de Gabinete- amplias atribuciones para modificar las partidas presupuestarias. Esa figura aún no fue derogada, pese a que el Gobierno iniciado en 2003 asegura haber sacado al país de aquella catástrofe.

Según el diputado nacional Claudio Lozano, del bloque Unidad Popular, entre 2003 y 2014 “la cifra del gasto que se decidió por fuera del Parlamento duplica el gasto total original correspondiente al Presupuesto de 2015 (2.067.891 millones)”. Eso significa, advirtió el legislador, que en 11 años se ejecutó un presupuesto entero sin el aval del Congreso.

Esa situación se produjo, de acuerdo a la visión de Flores, por la tendencia que manifestó el kirchnerismo a “subestimar los ingresos y los gastos” presupuestados, para luego ampliar estos últimos a partir de una mayor recaudación.

Esa modalidad, según dijo el titular de ASAP, se registró entre 2003 y 2010, el período durante el cual la lapicera la tenía Néstor Kirchner.

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