Semana clave para el armado de Massa

Los intendentes de Pilar y Merlo, que representan 560.000 electores, podrían saltar al kirchnerismo; en Tigre esperan conservarlos y apuestan a reiniciar contactos con algunos de los que se alejaron
Humberto Zúccaro, intendente de Pilar, avisa que en los próximos días habrá definiciones. Raúl Othacehé, de Merlo, deja que digan que ya volvió al kirchnerismo. Hoy inicia una semana clave para el armado territorial del Frente Renovador (FR) en la provincia de Buenos Aires. Y, por eso mismo, para las aspiraciones presidenciales de Sergio Massa, que defiende sus chances de pelear por la Casa Rosada en la fortaleza de sus alianzas con los jefes comunales.

El 15 de mayo, en San Miguel, Massa reunió a sus intendentes. Les avisó que se vendrían 10 días de duras presiones para que bajar su candidatura y para acercarlos a ellos a las filas del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, o el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. No todos lo entendieron así. Algunos leyeron distinto el mensaje. «Nos pidió que lo aguantemos 10 días. Ahora decidimos nosotros», explicó uno de los destinatarios del mensaje.

De todos modos, todos hicieron su parte. Nadie se fue y Massa encaró entre dos y tres recorridas diarias por el conurbano, con asistencia multitudinaria en varias ocasiones. «Es la campaña presidencial más bonaerense de la historia», bromeaban los detractores del tigrense.

En el ojo de la tormenta quedaron Zúccaro y Othacehé. El de Pilar lee encuestas que muestran a Scioli fuerte en su distrito. En los municipios no hay segunda vuelta electoral. Si Massa saliera debilitado de las PASO, una boleta encabezada por el tigrense sumaría poco para el intendente. «La semana que viene es decisiva para tomar una determinación», avisan desde Pilar.

El sciolismo ya cuenta como propios a Zúccaro y a Othacehé. El «Vasco» se pasó al massismo en 2014, después de perder en 2013 contra el candidato a concejal de Massa, Gustavo Menéndez. Éste, golpeado, se alineó con Scioli. Hoy, Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas y ex FR, intenta que Menéndez salte a Pro.

Si se concretan las salidas, el golpe para Massa no sería menor. Merlo y Pilar representan unos 560.000 electores. Los cuatro intendentes que ya dejaron el FR (San Isidro, Escobar, Malvinas Argentinas y Almirante Brown) significaban otro millón de votantes. En 2014, el armado municipal de Massa llegó a representar más de 3,4 millones de electores.

El problema para Zúccaro, Othacehé y otros intendentes en duda es que el kirchnerismo les abre los brazos, pero también deja abierta una duda fundamental: los aceptará como candidatos únicos o les plantará adversarios. Es lo que sucede con Sandro Guzmán, de Escobar. Dejó a Massa y la Casa Rosada lo recibió con fotos y elogios, pero no quitó la candidatura de Ariel Sujarchuk, funcionario de Alicia Kirchner. Es más: hasta Scioli fue al distrito para apoyar a su rival. En Tigre dicen que Guzmán los llama preocupado porque el Gobierno sólo le ofrece una colectora.

Cerca de Massa reconocen que las especulaciones están a la orden del día, pero creen que nadie abandonará el barco esta semana. «Esto va a ser un berenjenal hasta el último día, como siempre fueron todos los cierres. Si alguien se va, lo hará sobre final», dicen. Creen que algunos de los que saltaron al vacío podrían regresar.

Ponen en esa bolsa a los que se fueron hacia Pro y se encontraron con la muralla de la «pureza» macrista. Cariglino niega haber vuelto a hablar con Massa y promete que tendrá una foto con Macri, pese a que ya pasaron semanas sin novedades. Un retorno de Gustavo Posse (San Isidro), enfrentado a la familia política del tigrense, parece más difícil aún.

Posse nunca logró que Pro lo aceptara como candidato a gobernador. Tampoco la UCR. No sólo eso: el macrismo parece decidido a disputarle el municipio con Guillermo Montenegro, ministro de Seguridad porteño. La misma pena sufre Carlos Oreste (Coronel Pringles), un radical que se fue con Posse y hoy quiere evitar que tanto Pro como la UCR le planten rivales.

A Darío Giustozzi (Almirante Brown), que dio el portazo haciendo añicos al Massa que elogió durante años, no le fue mejor. El kirchnerismo aún mantiene la candidatura de Mariano Cascallares en su distrito.

En Tigre se consuelan con las penurias de sus ex aliados, hasta que se les hace una pregunta: ¿por qué prefirieron el limbo político antes que quedarse con Massa? Los convencidos culpan a las presiones del sistema para que haya un solo opositor al Gobierno. Unos pocos aceptan que hubo errores en el armado.

Cualquier respuesta es mejor para Massa que la que no se dice: los intendentes deciden con las encuestas en la mano. Y allí -dejando de lado algunos excesos- el tigrense tiene mucho terreno por recuperar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 + dieciocho =